Modernización de regadíos: control, ahorro y eficiencia en el uso del agua para riego

Más del 68% del total del agua que se consume en España está destinada a regadío. No es por tanto de extrañar que entre las políticas de gestión de las demandas de agua, sobresale la modernización del mismo.

El regadío consiste en una aportación adicional de agua a la de la precipitación caída en un terrazgo, con objeto de asegurar y diversificar los cultivos. El riego es fuente de empleo y riqueza, favorece la producción agraria y la agroindustria, contribuye a la biodiversidad y fija población en el medio rural. También presenta inconvenientes como ser el mayor consumidor de agua, ser causante de la sobreexplotación de acuíferos, de la contaminación difusa y de la salinización de suelos, etc.

Carátula del Informe sobre modernización de regadíos para la Consejería de Agricultura y Agua de la CARM

En España, el riego se aplica a más de 3,7 millones de hectáreas (ha.), pero su expansión es un fenómeno reciente (casi dos millones de ha. en los últimos 120 años). Su proceso de formación se caracteriza por continuas modificaciones, ampliaciones y adaptaciones de las redes de riego y drenaje, generación tras generación. Existe una gran variedad de regadíos: según el origen de las aguas empleadas, según la fecha de puesta en riego, según la orientación productiva, etc.[1]

El sistema de riego más extendido en España es el riego a presión localizado (51,78%, sobre todo el llamado “de goteo”).[2] En la Cuenca del Segura de las 269.000 ha. con posibilidades de riego, las 2/3 partes cuentan con riego a demanda, cuando y según las necesidades de los cultivo, (a presión localizado). En la Región de Murcia de las más de 190.000 ha. regables, más de las tres cuartas partes cuenta con riego localizado de la modalidad de goteo (86,09%). La Región de Murcia , en los últimos treinta años se ha convertido en un laboratorio de experiencias de modernización de regadíos.[3]

Son varias las experiencias de comunidades de regantes que inician mejoras en las infraestructuras de riego (como sustitución de conducciones y creación de embalses) e incluso organizan estas mejoras dentro de un Plan de Modernización con objeto de cambiar el sistema de riego a la oferta (cuando se dispone de agua) por un sistema de riego a demanda. Entre ellas en la Región de Murcia, sobresale entre las primeras experiencias la de la Comunidad de Regantes del Pantano de la Cierva en Mula. Cuentan, desde 1991, con un Plan de Modernización de Regadíos Tradicionales de Mula[4]. En la mayor parte de Convenios para financiar modernización de regadíos, el Estado ha asumido el 50%, la Comunidad Autónoma el 25% y los regantes el 25%. El riego debe administrarse con criterios de productividad agrícola y de sostenibilidad. Las políticas agraria y ambiental de la Unión Europea, a través del desarrollo rural y desarrollo sostenible han fomentado inversiones para que los regantes modernicen los sistemas de riego y se ajusten a los recursos disponibles y a las necesidades hídricas de los cultivos.

En todo Plan de Modernización de Regadíos se pueden distinguir tres fases: acopio, distribución y gestión integral.

Fase I: Red de alta o de acopio (para disponer del recurso o conjunto de recursos de agua). Incluye las tomas generales (bien de un curso fluvial, de un acuífero a través de un pozo-sondeo, de una fuente o manantial de gran aforo, de una EDAR tras la regeneración, de una desaladora o desalobradora, etc.). También las conducciones cerradas de gran capacidad, la red caminera asociada, las estaciones de impulsión o bombeo, los centros de transformación y líneas de media tensión, los embalses de regulación y acumulación, etc.

Fase II: Red de baja (para distribuir el agua hasta el pie de parcela de cada regante). Cuenta con cabezales autolimpiables a la salida de los embalses, estaciones de filtrado, red de conducciones de pequeña capacidad, red caminera asociada, agrupaciones de hidrantes y contadores de consumos, etc.

Fase III. De gestión integral del sistema (automatización, control, informatización, etc.) y de adopción y difusión de la innovación. Desde las sedes de las Comunidades de Regantes y asociaciones de riego se controla todo el sistema (la red de alta y la red de baja), se detectan las averías, se trasmiten ordenes de apertura y cierre de válvulas, se contabiliza el agua que entra y sale de los embalses, las reservas de agua que se disponen en los embalses, etc. Las estaciones de toma y envío de datos (radio, cable, GPS, etc.), los automatismos para el acceso de cada regante a su plan de riego; que facilita la transparencia y trazabilidad del uso del agua (cantidad, calidad, precios, etc.). La formación de los regantes para adoptar la innovación, incluso con propuestas de asociarse para adquirir fertilizantes o para presentar una oferta conjunta de sus producciones, que permita esa mejora de calidad de vida.[5]

Del millón y medio de ha. regables modernizadas desde 1996, solo las dos terceras partes de ellas han completado las fases de su Plan de Modernización. Por ello debe continuarse con esta actividad modernizadora (primera generación) y ampliarla incorporando nuevas técnicas de aplicación del agua al riego (segunda generación), reduciendo los consumos, logrando mayores rendimientos y la sostenibilidad del sistema de riego. Medidas como el riego deficitario, cubiertas para evitar la evaporación de la lámina de agua en los embalses de acumulación y regulación (mallados, esferas de sombra, cubiertas flotantes, etc.), más automatismos y telecontrol, aplicación de cinta de riego enterrada, incorporación de cultivos hidropónicos sin sustrato (como el sistema NGS “New Growing Systems”, solución reciclada de nutrientes, etc.[6]

Si se completan las tres fases de la primera generación de modernización y se introducen medidas innovadoras de la segunda generación de modernización, se ahorra agua y se consigue un aumento en la eficiencia del riego, al reducirse los valores de evapotranspiración no beneficiosa y los de escorrentía y percolación no recuperable.

El coste de la energía es el mayor componente del precio final del agua. Los consumos energéticos se deben a las impulsiones que existen a lo largo de la red de acopio y de la red de distribución. Con la autogeneración a través de parques fotovoltaicos y eólicos propios y con la aplicación de cogeneración, se abaratan costes y logra mayor eficiencia energética. Existen experiencias de ello en algunas comunidades de regantes como la C.R. Campo de Cartagena (Región de Murcia) o la C.R. El Saltador (Bajo Almanzora).

Urge un nuevo Plan Nacional de Regadíos Horizonte 2020-2025, en el que se ejecuten actuaciones de primera y segunda generación de modernización. Por valor de más de 6.000 millones de euros, en convenios entre la Administración General del Estado, la Administración de las Comunidades Autónomas y los regantes. El esfuerzo conjunto de la iniciativa pública y privada, de las Administraciones central y autonómica, junto a los regantes asociados, dará soluciones a problemas como la energía en el riego por elevación, el riego deficitario en situaciones de sequía meteorológica y de sequía hidrológica, en la aplicación de aguas de reutilización y de desalinización, etc.[7]

Los regantes deben participar en el diseño y ejecución del Plan de Modernización, así como en su financiación, ello asegura el éxito de la iniciativa modernizadora. Sin olvidar que el objetivo final es mejorar la calidad de vida del regante, hacer más productivas y sostenibles las explotaciones agrarias de regadío, y que la innovación resulte atractiva al relevo generacional de los regantes.

 

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[1] Gómez-Espín, J. Mª, 2009. “La modernización de regadíos en España (1973-2008). Proyectos y realidades”. Desarrollo rural en el siglo XXI: Nuevas orientaciones y territorios. Universidad de Murcia (editum). Pp. 57-102.

[2] Ministerio de Agricultura. Encuesta sobre Superficies y Rendimientos de cultivos, año 2018.

[3] Gil-Meseguer, E. 2010. “La Región de Murcia, un laboratorio de experiencias de ahorro y eficacia en el uso del agua: la modernización de sus regadíos, entre las políticas agrarias y ambiental de la Unión Europea”. Papeles de Geografía, 51-52. Universidad de Murcia. Pp. 131-146.

[4] Gómez-Espín, J. Mª.; Gil-Meseguer, E.; García Marín, R. 2006. El antes y después de la modernización de regadíos. La experiencia de Mula. Colección Usos del Agua, nº 2. Universidad de Murcia. Consejería de Agricultura y Agua de la CARM. 142 pp.

[5] Gómez-Espín, J. Mª. 1997. “El regadío en el umbral del siglo XXI. Planes de mejora y modernización “. Revista Papeles de Geografía, nº 25. Universidad de Murcia. Pp.75-102.

[6] Gil-Meseguer, E.; García-Martínez, P. J.; Gómez-Espín, J. Mª.; Almela-Pérez, R. 2014. El dinamismo del regadío de Pulpí. Comunidad de Regantes de Pulpí. Murcia. 222 pp.

[7] Gómez-Espín, J. Mª. 2019. “Modernización de regadíos en España: Experiencias de control, ahorro y eficacia en el uso de agua para riego”. Revista Agua y Territorio, 13. Universidad de Jaén.

José María Gómez Espín. Catedrático de Universidad. Área de Análisis Geográfico Regional. Departamento de Geografía. Universidad de Murcia – para Proexport.
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